
Para muchos, diciembre es sinónimo de fiesta, familia y descanso. Para los bomberos, en cambio, suele significar más llamados, más tensión y escenarios emocionalmente complejos.
Entre ellos, los servicios relacionados con personas en crisis suicida o intentos de suicidio.
Lejos de ser mera coincidencia, este incremento tiene raíces profundas que vale la pena entender.
No solo porque nos ayuda a actuar mejor, sino porque nos recuerda que detrás de cada código hay una historia humana… y a veces, una vida colgando de un hilo.
1. El peso invisible de las fiestas
Mientras en las calles todo es luces, villancicos y ofertas, muchas personas viven diciembre como una montaña emocional:
Conflictos familiares latentes que resurgen en las reuniones. Sensación de soledad cuando “todos parecen tener con quién pasarla”. Recuerdos dolorosos que se reviven con el cierre del año.
Este contraste entre el ambiente festivo y el dolor interno puede detonar crisis profundas.
2. Expectativas imposibles
La cultura navideña trae un mensaje implícito:
“Diciembre es para estar feliz.”
Y cuando alguien que ya viene luchando con depresión, ansiedad o pérdida descubre que no se siente así, llega:
Culpa. Frustración. Sensación de fracaso.
El cóctel perfecto para debilitar la estabilidad emocional.
3. Estrés económico: el villano silencioso
En esta temporada se juntan:
Gastos de cenas, regalos y convivios. Deudas acumuladas. Presión social por “quedar bien”.
El estrés financiero puede disparar conductas impulsivas, especialmente en personas ya vulnerables.
4. Alcohol: el acompañante que nadie pidió
Diciembre es el mes donde más consumo de alcohol hay durante todo el año.
Y el alcohol:
Desinhibe. Aumenta impulsividad. Intensifica la depresión.
El resultado es más intentos suicidas impulsivos y más situaciones críticas que terminan en llamadas de emergencia.
5. Balance de vida y cierre de ciclo
El final del año mueve a muchos a hacer inventario personal.
Quien siente que “no avanzó”, perdió a alguien o enfrenta problemas graves, puede caer en desesperanza.
Esa sensación es uno de los principales motores del pensamiento suicida.
6. Menor acceso a apoyo emocional
Muchos servicios psicológicos o comunitarios reducen horarios en días festivos.
Para quien ya está en crisis, esto se percibe como “no tener a quién recurrir”.

Ahí es cuando entramos nosotros.
El papel del bombero en estas emergencias: más allá de la técnica
Los bomberos atendemos incendios, accidentes, rescates… y también personas que están a punto de perderse a sí mismas.
En intervenciones suicidas, nuestra presencia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
No siempre tenemos el entrenamiento psicológico especializado, pero sí tenemos tres herramientas críticas:
🔹 1. Comunicación calmada
La voz serena de un bombero puede estabilizar a alguien en segundos.
🔹 2. Contención emocional
Aunque no somos terapeutas, muchas veces somos el primer y único apoyo real que encuentran.
🔹 3. Trabajo en equipo
Estas escenas requieren coordinación fina: mientras uno habla, otro asegura la zona y otro evalúa riesgos.
Somos técnicos del fuego… pero también guardianes de vidas en crisis.
Cuidar al prójimo también implica cuidarnos
No olvidemos algo importante:
Los bomberos también somos humanos.
Estar expuestos a estas emergencias deja marca.
Por eso es vital:
Hablar con la tropa después de un servicio difícil. Acceder a apoyo psicológico cuando sea necesario. Recordar que pedir ayuda también es un acto de valentía.

Conclusión
El aumento de suicidios en diciembre no es casual. Surge de la mezcla entre presiones sociales, cargas emocionales, problemas económicos y hábitos propios de la temporada.
Como bomberos, nos toca enfrentar estas situaciones con profesionalismo, empatía y preparación.
Diciembre no siempre es alegre para todos… pero puede ser un poco más seguro si quienes respondemos a la emergencia entendemos lo que pasa detrás del llamado.


Gracias !!
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