
Para la mayoría de las personas, un casco es solo eso: un equipo de protección que llevas y ya. Pero para un bombero, el casco es compañero, escudo y símbolo. Lo usamos en incendios, rescates, servicios, entrenamientos y hasta en las fotos con los pequeños fanáticos que visitan la estación.
Pero hay una pregunta que pocos se hacen:
¿qué efecto tiene realmente usar el casco por tantas horas a lo largo de nuestra carrera?
La ciencia tiene algunas respuestas… y no son menores.
El enemigo silencioso: la fatiga cervical
Un estudio reciente analizó cómo distintos tipos de casco afectan los músculos del cuello durante movimientos repetitivos. El resultado fue claro: el diseño importa tanto como el peso.

📌 Estudio:
Sustained-till-exhaustion effects of firefighter helmets on neck muscle fatigue mechanism
👉 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40828627/
Este trabajo encontró que algunos cascos estilo americano, aunque ligeros, generan mayor fatiga porque su centro de masa está desbalanceado. En cambio, los cascos de perfil bajo reducen la carga sobre las vértebras.
En español bombero: no es solo el peso… es dónde “te lo carga”.
La columna también lo resiente
Otro estudio, esta vez usando simulaciones biomecánicas, evaluó cómo se mueve la columna cervical con distintos modelos de casco.
📌 Estudio:
Firefighter helmets and cervical intervertebral kinematics
👉 https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39454554/
Encontraron que los cascos con mal balance modifican la movilidad natural del cuello, aumentando la velocidad de flexión/extensión y, por lo tanto, el riesgo de lesiones a largo plazo.
El calor: el enemigo invisible
Si alguna vez te has quitado el casco y has sentido que tu cabeza estaba en modo “olla express”, la ciencia te entiende.
Dos estudios sobre bomberos forestales demostraron que el casco puede contribuir significativamente al estrés térmico:
📌 Estudio 1:
Effect of vented helmets on heat stress during wildland firefighter simulation
👉 https://www.publish.csiro.au/wf/fulltext/wf20182
📌 Estudio 2:
Effect of uncompensable heat from the wildland firefighter helmet
👉 https://www.publish.csiro.au/wf/WF20181
En ambientes calurosos, usar casco por más de 60–90 minutos aumenta la carga térmica, la fatiga y la sensación de sobrecalentamiento.
Auch.
Dolor crónico: la factura que llega años después
Investigaciones en Latinoamérica han encontrado una alta prevalencia de cervicalgia (dolor crónico de cuello) entre bomberos urbanos. Entre los factores:
el uso prolongado del casco, el peso del equipo completo, la postura inclinada al trabajar, y las herramientas adicionales que se cargan.
No es casualidad que en las guardias todos conozcan a alguien que vive con dolor de cuello… o que ya adoptó la tradición del “masaje con el guante de rescate”.
¿Existe un tiempo máximo para usar el casco?
La sorpresa: no existe un tiempo máximo universal recomendado.
Las normas internacionales señalan que el casco debe usarse solo cuando el riesgo lo exige. Durante descansos, traslados seguros o actividades administrativas, la recomendación es quitarlo para evitar fatiga acumulada.
Claves prácticas:
Quitarlo cuando el entorno es seguro. Ajustarlo correctamente. Preferir cascos con buen balance (centro de masa bajo). Renovarlo si pierde ergonomía o equilibrio.
Conclusión: el casco protege… pero también exige
El casco es parte de nuestra identidad. Pero también es una carga —física, literal— que, si no se usa con criterio, puede generar problemas acumulativos en el cuello y la postura.
La evidencia científica deja claro que necesitamos cascos modernos, ligeros, bien balanceados y ventilados.

Gracias !
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