
En el ámbito bomberil solemos evaluar nuestro trabajo a partir de la respuesta: tiempo de llegada, control del evento, rescates logrados. Sin embargo, existe una fase menos visible y mucho más efectiva en términos de seguridad: la prevención estructural, entendida como la gestión del riesgo desde su origen.
La creación del Primer Padrón de Instaladores de Gas y Electricidad certificados, en coordinación con la UAM Azcapotzalco, representa una acción concreta de reducción del riesgo urbano con impacto directo en la seguridad de la población y de los cuerpos de bomberos.
Identificar el riesgo antes de que se manifieste
Desde la óptica de la gestión del riesgo, las instalaciones de gas y electricidad mal ejecutadas constituyen peligros latentes. No son eventos fortuitos, sino amenazas identificables, evaluables y prevenibles.
Fugas de gas, cortocircuitos e incendios estructurales suelen tener un punto en común: fallas técnicas acumuladas que nunca fueron corregidas en su origen. Actuar sobre ese punto inicial es una estrategia más eficaz que cualquier respuesta de emergencia posterior.
Reducir el riesgo desde la fuente
La certificación de instaladores impacta directamente en la probabilidad de ocurrencia del evento adverso. Al elevar el estándar técnico de las instalaciones, se disminuye la frecuencia de incidentes y se limita la severidad de sus consecuencias.

En términos de gestión del riesgo, esta medida:
Controla el peligro antes de que escale. Reduce la exposición de la población. Disminuye la vulnerabilidad del personal de primera respuesta.
Para los bomberos, esto se traduce en menos escenarios de alto riesgo y en intervenciones más seguras cuando estas ocurren.
Seguridad operativa para el personal bomberil
Cada emergencia se analiza en segundos. Cuando un sistema eléctrico o de gas cumple normas técnicas conocidas, el análisis de riesgos en sitio es más claro y confiable.
Instalaciones certificadas implican:
Menor probabilidad de explosiones secundarias. Menor riesgo de energización accidental. Mayor control de variables críticas durante la intervención.
La prevención estructural también es una forma de protección al personal operativo.
De la reacción a la gestión integral del riesgo
Este tipo de iniciativas permiten a los cuerpos de bomberos evolucionar de un modelo reactivo hacia uno preventivo, alineado con enfoques modernos de reducción del riesgo de desastres y resiliencia urbana.
Además, abren oportunidades para:
Inspecciones técnicas con criterios claros. Uso de datos para identificar patrones de riesgo. Coordinación interinstitucional con universidades y autoridades. Planeación estratégica basada en amenazas reales.
Un modelo replicable para ciudades más seguras
Los riesgos asociados a instalaciones irregulares no son exclusivos de una sola ciudad. Replicar este modelo permitiría atacar causas estructurales del riesgo urbano, reducir la carga operativa de los cuerpos de emergencia y fortalecer la seguridad colectiva.
La prevención estructural no genera titulares espectaculares, pero reduce incendios, evita explosiones y salva vidas.

Recapitulemos…
La gestión del riesgo comienza mucho antes de que suene la alarma.
Comienza cuando se decide intervenir en la causa y no solo en la consecuencia.
La certificación de instalaciones de gas y electricidad es una acción concreta de prevención estructural que fortalece la seguridad urbana y protege a quienes responden cuando todo falla.
Porque, desde la gestión del riesgo, el mejor incidente es el que nunca ocurre. 🚒📉

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