“Uno sabe quién trae la vocación en los ojos”

El punto de vista de un comandante retirado de Bomberos Guadalajara
Después de la entrevista anónima publicada la semana pasada, recibimos un mensaje inesperado: un comandante retirado con más de 30 años de servicio quiso compartir su visión. Lo entrevistamos. Y esta fue su voz: firme, cálida y sin filtros.
¿Comandante, por qué decidió hablar tras leer la entrevista anónima del jefe de guardia?
Porque me sentí identificado. Yo estuve ahí, muchos años. Leí esa entrevista y vi reflejadas muchas de las cosas que uno no siempre se atreve a decir, sobre todo en el retiro. Y dije: si hay alguien levantando la voz con dignidad, no puedo quedarme callado.
¿Qué piensa de las nuevas generaciones que están ingresando?
Mira, yo siempre dije: uno sabe quién trae la vocación en los ojos. Hay quienes llegan por convicción… y hay quienes solo quieren el uniforme. A los nuevos no hay que apapacharlos con falsa motivación, hay que enseñarles lo que significa estar al servicio. Ser bombero es una responsabilidad, no una foto para Instagram.
¿Cómo se da cuenta uno quién sí lo trae y quién no?
En la actitud. En cómo reacciona cuando no hay aplausos. En cómo se comporta en la madrugada, en la guardia, cuando nadie lo ve. No es solo subirte al camión o usar un equipo bonito. La vocación se muestra en lo que haces cuando el cansancio y el peligro están al frente.
Te lo voy a decir como es.
Uno se da cuenta en el momento en que el grupo aprieta, cuando hay presión de verdad… no en el curso, no en la práctica, sino cuando todo está pasando al mismo tiempo: fuego, radio, humo, gritos. Ahí se ve.
Hay quienes se desconectan, se paralizan o solo hacen lo que les dicen. Y hay quienes, sin pensar, dan un paso al frente y se hacen cargo. No por lucirse, sino porque su instinto es servir, moverse, proteger.
A mí muchas veces me juzgaron de atrabancado, de moverme sin esperar la orden, de reaccionar rápido. Pero eso es porque yo viví este oficio al máximo. No fui bombero de manual, fui bombero de calle, de experiencia, de reacción pura. Porque cuando un niño está atrapado o un compañero no contesta… no te puedes dar el lujo de pensar demasiado. Tienes que actuar.
Y sí, tal vez no era el más político, ni el más correcto, pero si algo pasaba, sabían que yo me metía. Sin cámaras, sin miedo y sin medir cansancio. Porque ser bombero para mí no fue un título… fue mi forma de estar vivo.
En la presión es donde se quiebran las máscaras. Ahí sabes quién lo tiene y quién sólo lo aparenta.
Te das cuenta cuando todo arde al mismo tiempo: Ahí no hay tiempo para poses ni para esperar órdenes con cara de superior. Ahí actúan los que de verdad sienten esto.
A mí muchas veces me criticaron, porque me metía. Porque reaccionaba. Porque me ensuciaba, fui de acción.
Y eso me marcó. Porque yo nunca me escondí atrás de un puesto de poder. Siempre estuve hombro con hombro con mi gente. Al frente, cuidándolos. No como muchos quieren hacer creerle a la tropa que desde un sindicato que dice que los representa, pero no se paran en un incendio desde hace años. Ya se les olvidó lo que es esto. Ya no huelen el humo. Ya no jalan mangueras.
Por eso yo prefería estar ahí, con mis bomberos. Porque si algo pasaba, yo no iba a permitir que les pasara a ellos primero que a mí. Nunca le pedí a nadie algo que yo no estuviera dispuesto a hacer con ellos o antes que ellos.
Para mí, ser comandante nunca fue mandar… fue proteger.
¿Qué mensaje le daría a quienes apenas están comenzando?
Que no se engañen. Este oficio es hermoso, pero no es para todos. Si no te nace ayudar, si no respetas a tus compañeros, si solo quieres tiempo libre y picarle al cajero, mejor busca otra cosa. Aquí se necesita gente que no pierda la vocación del bombero. Literal y figuradamente.
¿Y usted, comandante, aún se considera bombero?
Claro. Aunque ya no porte el uniforme todos los días, la vocación no se jubila. Sigo yendo cuando me llaman. Sigo apoyando como puedo. Ser bombero no se quita. Se lleva por dentro. Hasta el último día.
¿Algo más que quiera decir?
Sí. A los que aún creen en este oficio: no se dejen apagar. A los que dirigen, que recuerden por qué entraron. Y a los nuevos, que entiendan que lo que tienen entre manos no es solo una profesión… es una misión.
