
Una necesidad de la base: detectar cuando un compañero está contaminando a los nuevos
En cada estación de bomberos hay necesidades claras: equipo funcional, formación continua, condiciones dignas, mandos comprometidos.
Pero hay una necesidad que muchas veces se pasa por alto y que está afectando silenciosamente a muchos equipos:
la necesidad de proteger a los nuevos del desgaste emocional y la contaminación negativa que pueden venir desde dentro.
Sí, desde dentro del mismo equipo.
La figura del veterano que ya no construye
Todos hemos trabajado con alguien así: un compañero con años en el servicio, que ya no entrena, ya no participa, ya no aporta.
Lo que sí hace es repetir frases como:
“Haz lo justo, no vale la pena dar más.” “No confíes en nadie, aquí todos jalan por su lado.” “Yo ya hice lo mío, que se frieguen los nuevos.”
Ese bombero, que alguna vez fue pilar, hoy está echando a perder lo más valioso que tiene una estación: la motivación, el idealismo y la voluntad de aprender del bombero nuevo.
Y eso contamina.
Como en la imagen de las cinco naranjas: la del centro está podrida, y ya empieza a podrir a las otras dos más cercanas. Es una metáfora perfecta del ambiente tóxico que puede nacer desde un solo elemento dentro del grupo.
¿Cómo identificar este problema en la base?
Aquí van algunas señales claras:
✅ Nuevos elementos desmotivados sin causa real.
Cuando un bombero recién llegado empieza a hablar como si llevara 15 años frustrado… algo anda mal.
✅ Actitudes cínicas que se repiten.
“El sistema es una porquería”, “haz lo mínimo”, “no esperes nada”. Si eso se empieza a volver común, alguien lo está sembrando.
✅ Ausencia de integración entre generaciones.
Si los veteranos y los nuevos no conviven, no entrenan juntos, o se evitan, probablemente hay una grieta en el ambiente.
✅ Baja participación en entrenamientos o simulacros.
Cuando el ejemplo de “no hacer nada” se normaliza, deja de ser una actitud aislada y se vuelve cultura de base.
¿Qué puede hacer un jefe o mando ante esto?
Los mandos tienen una responsabilidad enorme. No se trata de castigar o correr, sino de detectar, contener y transformar:
Hablar con el bombero en privado. Sin exhibirlo. Preguntarle con respeto qué lo tiene desmotivado, cómo se siente. A veces la actitud nace de heridas mal atendidas. Ofrecer apoyo real. Muchos compañeros se apagan por sentirse ignorados o quemados. Capacitación, acompañamiento psicológico o simplemente escucha activa puede hacer diferencia. Dejar claro el impacto de su actitud. Es importante que sepa que su influencia no es neutra. Que lo que dice y cómo actúa afecta a los nuevos y al ambiente general. Reconectar con su propósito. Recordarle por qué eligió ser bombero, qué legado quiere dejar, y cómo puede ser ejemplo otra vez. Poner límites si es necesario. Si después de hablar y apoyar no hay cambio, toca marcar límites claros: esa actitud no se va a permitir porque el ambiente importa, y el equipo también.
Conclusión: cuidar el ambiente también es prevenir
En una base, no solo hay que apagar fuegos afuera. También hay que prevenir los que nacen dentro.
La cultura interna no se cuida sola. Se construye, se vigila y se corrige cuando hace falta.
Dignidad para Bomberos no es solo pedir mejor equipo.
También es asegurar que dentro de la base se respire respeto, liderazgo sano y ganas de trabajar.
Porque si dejamos que uno solo contamine a los nuevos, en unos años ya no quedará motivación ni orgullo, solo desgaste.
