Colgar el casco no significa apagar el fuego.
Un bombero retirado no deja de ser bombero: lleva el llamado grabado en el alma.
Cada turno, cada incendio, cada rescate, cada compañero caído, han dejado huella en su historia y también en la de todos los que seguimos en el servicio. Su legado no se borra. Al contrario: se convierte en guía, inspiración y ejemplo.

El fuego se apaga, pero la vocación permanece
Aunque ya no respondan al sonido de la alarma, muchos siguen atentos, compartiendo su experiencia, aconsejando a los más jóvenes, o simplemente observando con el orgullo de haber dado todo por los demás.
Porque nadie conoce mejor el valor del servicio que quien lo ha vivido en carne propia.

Una vida al servicio no se mide en años, sino en actos
Ser bombero no es una etapa, es una forma de vida. Y los que hoy están retirados, siguen siendo hermanos de uniforme. Son parte de la historia viva de cada estación. Son cimientos de lo que somos.

Gracias por el camino, gracias por el ejemplo
A todos los bomberos jubilados:
- Gracias por sus años de entrega silenciosa.
- Por las vidas que salvaron.
- Por los riesgos que enfrentaron sin pensarlo dos veces.
- Por formar generaciones de hombres y mujeres que hoy seguimos su paso.
La jubilación no es el fin del servicio.
Es el inicio del respeto eterno.

