Desde 2010 el arquitecto y fotógrafo especializado, Jorge Taboada, trabaja en el proyecto titulado Alta Densidad, el cual captura el aparente ‘orden estético’ de las viviendas de bajo costo, pero que en realidad éstas tomas aéreas evidencian el hacinamiento social que sufren miles de personas.

Como bomberos sabemos que un incendio estructural corresponde a aquel tipo de incendio que se produce en casas, edificios, locales comerciales, etc.
La gran mayoría de los incendios estructurales son provocados por el hombre, ya sea por negligencias, descuidos en el uso del fuego o por falta de mantención del sistema eléctrico y de gas.
Entre las principales causas de estos incendios se encuentran los accidentes domésticos, fallas eléctricas, manipulación inadecuada de líquidos inflamables, fugas de gases combustibles, acumulación de basura, velas y cigarros mal apagados, artefactos de calefacción en mal estado y niños jugando con fósforos, entre otros.
Estar preparados ante una situación de riesgo depende de todos. Pero ¿qué pasa cuando el porcentaje de que un accidente suceda aumenta por la densidad de gente viviendo en un espacio tan pequeño? Bueno en Dignidad nos hicimos la misma pregunta y aquí está lo que encontramos.

Sin duda, la gran concentración urbana es la que presenta mayores condiciones de riesgo frente al los sismos y la satisfacción de la necesidad de vivienda lleva a una serie de acciones constructivas que incluyen el uso de tierras inadecuadas para habitar, el uso de edificios urbanos en malas condiciones y la generalizada autoconstrucción, entre otras formas de satisfacer una demanda no solvente.
Así, con las viviendas se produce diversidad de condiciones de riesgo derivados tanto de los sistemas constructivos como de los procedimientos financieros, los grados de institucionalización y formalización o legalización del uso del suelo.
Tanto la localización en territorios de alto riesgo como la baja calidad de materiales, su uso inadecuado y el desconocimiento de las técnicas, implican la construcción de refugios que se pueden convertir en trampas mortales. Ejemplos de ello son tanto la construcción en adobe –alguna muy antigua, pero otra reciente- como las aparentemente modernas construcciones en bloques y concreto reforzado, en los que el refuerzo estructural no está bien diseñado en términos de todas las amenazas que deberá enfrentar o en donde los procedimientos constructivos debilitan la capacidad de los materiales sin que esto sea evidente en su apariencia externa.

En el diseño de habitaciones rurales (incluso después de la ocurrencia de desastres) es común encontrar pequeñas casitas sin las mínimas instalaciones de servicios y abastecimiento de agua, simplemente porque eso lo resuelven los usuarios de la casa o sea no lo resuelven ni desde la perspectiva social ni desde la arquitectónica.
La localización de las viviendas y los problemas vinculados con el ordenamiento territorial son un elemento clave, pues de hecho no hay planes de ordenamiento ni zonificación relativa en lo que se observa en las fotografías de Jorge Taboada.
Su proyecto es una «crítica silenciosa» a estos proyectos de casas de bajo coste.

«No me interesan los temas políticos. No doy información de los desarrollos inmobiliarios. Sólo pongo sobre la mesa la situación y que la gente juzgue», dice.
El riesgo en la gran mayoría de los municipios en México es el mismo.
Los problemas para la aplicabilidad de las restricciones o regulaciones son múltiples y no se han superado prácticamente en ningún país de Latinoamérica y el Caribe.

En primer término, hay una gran debilidad jurídica, los reglamentos son desconocidos (en particular en zonas rurales o conglomerados urbanos pobres) y son poco utilizados por constructores de diversa condición, no solo los auto/constructores; de hecho existen muchos ejemplos de diseños de arquitectos, ingenieros o técnicos que hacen caso omiso de algunos aspectos de los reglamentos en sus obras en razón de costos o de conceptos, asumiendo que tales limitaciones son demasiado onerosas y excesivamente rigurosas: suponen que sus obras podrán tener una vida útil suficientemente larga como para que no haya necesidad de cumplir con restricciones relativas a eventos que probablemente no ocurrirán o se presentarán en grados relativamente más benignos.
En segundo término, las instituciones carecen de capacidad de control y de ninguna manera los municipios tienen el soporte técnico y financiero para controlar la aplicación de los reglamentos emitidos por ellos mismos. Los municipios y otros entes contralores tienden a limitarse a cobrar las tarifas y sellar los planos, es decir papel y dibujos, pero lo que se construye puede ser muy distinto; en particular en viviendas individuales de bajo presupuesto, las que comúnmente se modifican en el sitio de construcción y terminan siendo muy distintas de lo que está dibujado en los planos constructivos aprobados.

La prevención implica el entrenamiento adecuado de los órganos responsables de las evacuaciones y la capacitación en evaluación mínima inmediata para evitar sobre-dimensionar los daños y el riesgo para las familias.
Un balanceado y razonable análisis de la seguridad relativa de las viviendas en el sitio de impacto puede reducir sustancialmente el costo, tanto en habitación temporal como en el sufrimiento familiar por el desarraigo, incluidos los problemas de seguridad que se generan.
La atención frente a un sismo, avalancha, inundación, incendio forestal o maremoto deben realizarse con especial detenimiento, por afectar amplios números de personas y gravísimos daños, no solo a viviendas, sino también a infraestructuras de salud, educación y otros servicios sociales muchas veces muy escasos en zonas rurales o poblaciones de ingresos bajos o muy bajos.
Los arquitectos no diseñan y construye lo que se les antoje –aunque a veces lo parezca- sino lo que el medio económico les demande y les permita. De hecho son simplemente excluidos del proceso generador –que no de diseño- y constructivo de más del 60% de las viviendas que se construyen en muchas de las ciudades Méxicanas.
La masiva construcción de viviendas sin diseño o con materiales inadecuados y sin supervisión o control es una característica de las ciudades de México desde lo que llamamos colonia.
Ni la legislación, ni los controles estatales, ni la directa intervención de los profesiones y sus organizaciones han logrado superar las condiciones obligadas por las restricciones económicas, de manera que hoy día se siguen desarrollando las barriadas pobres en las ciudades donde decenas de miles de familias se aglomeran y se hacinan en condiciones infrahumanas y en los sitios más peligrosos –que son los lugares más baratos para que una familia en México pueda subsistir.
Soy bombero, pienso en la funcionalidad. Me angustia mucho pensar que la gente pueda vivir ahí, en casas de menos de 50m2.
